Cuando se habla de grandes marcas colombianas, muchos piensan en Fruco como si siempre hubiera estado allí, acompañando las mesas del país con salsa de tomate, mayonesa y sabores que ya son parte de la cultura.
Pero detrás de ese nombre hay una historia poco contada: la historia de Fruco también es la historia de un hombre que, huyendo de la guerra, llegó a un país extraño, sin contactos, sin capital y sin más certeza que su voluntad de empezar de cero.
Ese hombre fue Leo Feldsberg, un ingeniero austríaco judío que jamás imaginó que, en tierras tropicales, crearía una de las marcas más queridas de Colombia.
Un emprendedor obligado a renacer
Para entender la historia de Fruco, es necesario retroceder a Europa en los años treinta.
La situación política se radicalizaba, las restricciones contra los judíos crecían y los rumores de guerra se transformaban en una amenaza real.
Feldsberg sabía que quedarse era arriesgar su vida. Así que tomó la decisión más dura de cualquier emprendedor: abandonar su país, su familia, su idioma y su carrera para intentar iniciar otra vida desde cero.
Viajó primero a América Latina con la esperanza de encontrar un lugar donde pudiera trabajar en paz. Pasó por varios países hasta que, finalmente, se estableció en Colombia.
Llegar a Cali en los años cuarenta era llegar a una ciudad en crecimiento, calurosa, con calles polvorientas, una economía limitada y pocas industrias de alimentos procesados.
Eso sería un obstáculo para muchos… pero para un emprendedor con visión podía ser una ventaja.
Colombia, una oportunidad disfrazada de caos
Feldsberg llegó sin capital pero con formación técnica y una observación aguda del mercado.
La vida en Cali no fue fácil: enfrentó barreras culturales, falta de redes de apoyo, idioma y un mercado que no tenía tradición industrial sólida.
Pero tenía algo clave: entendió que Colombia tenía abundancia de frutas, un clima que facilitaba la agricultura y una población que ya consumía productos artesanales como mermeladas y vinagres, pero sin grandes marcas ni estándares de calidad industrial. Allí vio una oportunidad de negocio
Muchos inmigrantes de la época terminaban trabajando en oficios improvisados. Feldsberg, en cambio, decidió construir algo. Era el típico emprendedor que convierte un problema en una idea y una idea en una empresa.
El nacimiento de Frutera Colombiana: el primer gran salto
En 1948 fundó Frutera Colombiana S.A., que más tarde se conocería como Fruco.
Sus primeros productos fueron mermeladas, vinagres y jugos preparados de forma artesanal.
in maquinaria sofisticada ni una fábrica grande, Feldsberg trabajaba largas jornadas junto a unos pocos empleados, haciendo pruebas, ajustando recetas y escuchando a los clientes.
Sus retos eran gigantes:
- No tenía maquinaria, así que improvisó procesos manuales.
- No tenía capital, así que reinvertía cada peso que entraba.
- No tenía una red comercial, así que él mismo visitaba tiendas y pedía que probaran sus productos.
- No tenía un apellido reconocido en Colombia, así que debía construir credibilidad desde cero.
Pero tenía una ventaja: calidad, disciplina y una visión empresarial poco común en esa época.
El descubrimiento que cambiaría la marca: la salsa de tomate
Mientras buscaba productos que tuvieran mayor consumo y fueran un negocio rentable, Feldsberg detectó algo: en Colombia se usaban salsas artesanales de tomate en algunos hogares, pero no existía un producto industrial con sabor consistente.
La historia de Fruco cambia en este punto.
Feldsberg se propuso crear la mejor salsa de tomate del país.
Con su formación como ingeniero, se obsesionó con la textura, el color, el balance entre dulce y ácido y la estabilidad del producto.
Durante meses trabajó pruebas, recolectó tomates de diferentes zonas y experimentó con procesos que permitieran conservar el sabor casero.
Cuando finalmente dio con la fórmula, supo que tenía algo grande entre manos.
La salsa empezó a tener demanda inmediata. Las tiendas querían más, los consumidores la buscaban y el boca a boca hizo el resto. Fruco comenzaba a tomar forma.
Construir una marca desde cero en un país desconocido
Uno de los mayores méritos de Feldsberg —y un punto clave en la historia de Fruco— fue entender que no bastaba con tener un buen producto: había que construir una marca.
En los años cincuenta casi ninguna empresa colombiana pensaba en identidad visual o publicidad. Él sí:
- Cuidó el diseño del envase.
- Creó una etiqueta icónica y fácil de identificar.
- Promovió el nombre “Fruco”, abreviatura de Frutera Colombiana.
- Generó confianza mediante calidad constante.
Cada decisión tenía un objetivo: que los colombianos recordaran el sabor y la marca.
Pero detrás de esa construcción había noches sin dormir, riesgo permanente, deudas que pagar y una presión enorme por mantener el negocio vivo.
Como muchos inmigrantes emprendedores, Feldsberg vivía con la sensación de que no podía fallar: si su negocio fracasaba, no tenía a dónde regresar.
Esa sensación lo llevó a hacer lo que otros no hacían: innovar, insistir y mejorar cada día.
Cuando Fruco se convierte en una marca nacional
A medida que la salsa de tomate Fruco se consolidó, la empresa comenzó a expandir su portafolio con mayonesa, salsas adicionales y otros productos para la cocina colombiana.
El crecimiento fue tan notable que llamó la atención de grandes empresas internacionales.
Durante las décadas de 1950 y 1960, Fruco creció desde Cali hacia todo el país. Ya no era un proyecto de supervivencia de un inmigrante: era una industria nacional con cientos de empleados, procesos estandarizados y reconocimiento en la mesa de los colombianos.
Para Feldsberg, el crecimiento no solo fue motivo de orgullo, sino también un reto: debía mantener la calidad mientras escalaba la producción, mejorar procesos, aprender a dirigir equipos y navegar un mercado cada vez más competitivo.
Pero lo logró.
El punto de inflexión: la venta y el legado
Con el tiempo, empresas extranjeras se interesaron en Fruco. Finalmente, la marca fue adquirida por compañías internacionales, lo que permitió su expansión industrial y comercial a un nivel que Feldsberg no habría podido alcanzar solo.
Muchos emprendedores ven la venta como el final de su historia.
Para él, fue la confirmación de que su visión, su persistencia y su trabajo habían creado algo más grande que una empresa: había creado una marca capaz de trascender generaciones.
Aunque ya no era el dueño de Fruco, su legado quedó impreso en su identidad: sabor casero, calidad y cercanía con el consumidor colombiano.
Los retos invisibles detrás de la historia de Fruco
Al analizar la vida de Leo Feldsberg, se observan los desafíos que muchos emprendedores enfrentan:
- Reinventarse en un país desconocido.
- Superar el miedo a empezar de cero.
- Trabajar sin capital, sin contactos y sin seguridad.
- Aprender a liderar mientras se construye.
- Mantener la disciplina cuando todo parece en contra.
- Arriesgar cada peso en una visión personal.
- Vender, producir, negociar y dirigir al mismo tiempo.
Lo que diferencia a Feldsberg es que nunca vio sus obstáculos como límites, sino como parte natural del camino.
Gracias a esa mentalidad, la historia de Fruco dejó de ser simplemente la historia de una empresa para convertirse en la historia de una marca profundamente arraigada en Colombia.
¿Qué enseñanzas deja la historia de Fruco para los emprendedores?
- Los comienzos difíciles no definen el futuro.
- El producto es el núcleo del negocio.
- Obsesión por la calidad.
- Innovar en mercados donde nadie ve oportunidad.
- Construir marca es tan importante como fabricar.
- Escalar requiere saber delegar y estandarizar.
- Vender una empresa no es fracasar: es trascender.
La verdadera historia de Fruco es la historia de un inmigrante que se negó a rendirse
La historia de Fruco no es solo la historia de un producto.
Es la historia de un emprendedor que convirtió el miedo en oportunidad, la escasez en disciplina y la incertidumbre en visión.
Leo Feldsberg encontró en Colombia un lugar para empezar de nuevo, y los colombianos encontraron en su trabajo un sabor que hoy forma parte de su identidad cultural.
Fruco no nació de la suerte: nació del esfuerzo de un hombre que entendió que cuando un emprendedor no tiene nada, lo único que le queda es construirlo todo.


